Las revisiones ginecológicas forman parte del control normal de tu salud sexual.

En muchos caso y sobretodo si no sigues  un tratamiento habitual es suficiente con hacerte una revisión anualmente.

Si tienes pautado un tratamiento, eres portadora de un DIU o tienes alguna patología se recomienda realizar los controles cada 6 meses.

Hay una serie de pruebas que se hacen inicialmente, y en función de sus resultados se decidirá si hay que pedir más pruebas complementarias o no.

Revisión rutinaria:

  • Exploración ginecológica.
  • Visualización del cuello uterino con espéculo mientras se realiza la toma de muestras para la citología. Si la paciente tiene síntomas como prurito se completa el estudio con un exudado (en fresco y cultivo).
  • Ecografía abdominal o vaginal. Esta técnica nos permite estudiar la morfología de los órganos genitales internos; es decir, el útero y los ovarios, para descartar la presencia de patología como quistes o miomas entre otros.
  • Exploración mamaria. Se trata de realizar una exploración cuidadosa por cuadrantes y de las axilas para descartar la presencia de nódulos, adenopatías o alteraciones en la unidad areola-pezón. Esta exploración se completará con una mamografía de control si la paciente está entre los 35 y los 40 años. A partir de esta edad se recomienda la realización anual de dicha prueba. En menores de 35 años sólo se recomienda si existen antecedente familiares directos de cáncer de mama. Si en la exploración mamaria aparece algún hallazgo (nódulo, quiste, placa de mastopatía…) se procederá a realizar una ecografía mamaria en pacientes jóvenes y se valorará la realización de una mamografía.
  • Analítica de rutina con un hemograma completo y coagulación. En el caso de que la paciente siga un tratamiento hormonal también pediremos una bioquímica y unas enzimas hepáticas.
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